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Con la llegada de Alvaro Uribe a la presidencia de Colombia
hace un año se inició la mayor polarización del país
en muchas décadas. Si bien la opinión que se publica, que
los medios de comunicación pretenden hacer pasar como la opinión
pública, ha buscado mostrar un apoyo casi generalizado a Uribe
y sus políticas, esa burbuja de “popularidad”, entre
los sectores que tienen que perder si no se mantiene el actual orden de
cosas, les estallará más temprano que tarde al puñado
de grandes burgueses y terratenientes que dominan el país en lo
económico y tienen el Estado a su servicio y el de sus amos imperialistas,
principalmente los yanquis.
La “realidad virtual” que han creado no puede
ocultar por mucho tiempo una condición que es característica
de las naciones oprimidas, la existencia de permanentes contradicciones
en las clases dominantes, que nace del carácter dependiente del
país y que si bien en algunos momentos saca provecho de los intereses
convergentes para lograr una unidad aparentemente sólida, ésta
es sólo temporal debido a que sus mezquinos intereses llevan pronto
a que primen sus divergencias.
La euforia que muestran las clases dominantes no se ha
quedado sólo al nivel de estado de ánimo, y en cierta medida
ellas son conscientes de que tienen que aprovechar su “cuarto de
hora” para apretarles las clavijas al máximo a las masas
trabajadoras para definir a su favor el terreno en que se librará
la lucha de clases no sólo en el futuro próximo sino también
a largo plazo. Han llevado al nivel de orgía la oleada de privatización
de los servicios públicos, la educación y la salud, y están
en proceso de poner en manos del gran capital la petrolera estatal Ecopetrol,
una especie de “barco insignia” de la economía colombiana,
siendo en los últimos años la empresa más grande
y rentable del país; han venido desmontando las reivindicaciones
económicas logradas en décadas de lucha de las masas en
los relativamente limitados sectores sindicalizados, reduciendo incluso
los salarios; están extendiendo el impuesto al consumo (IVA) mermando
aún más la capacidad de compra de los salarios; y como “la
cereza del ponqué” están buscando implantar un “estatuto
antiterrorista” para completar las medidas fascistas de empadronamientos,
redes de informantes (“croactividad” como le llama el payaso
alcalde de Bogotá Mockus) y los códigos de policía
con la orientación de la nefasta teoría de “cero tolerancia”.
Para contrarrestar los efectos de la ley de la lucha
de clases de que la opresión engendra resistencia, a la par con
el aumento de las medidas fascistas para reprimir la resistencia y reducirla
cuantitativamente, las clases dominantes también han venido haciendo
desde hace tiempos mayor trabajo ideológico generando apatía,
desconfianza y pesimismo para desarmar a las masas en este terreno y reducir
la resistencia también cualitativamente, utilizando en esta “tarea”
también a sus destacamentos (conscientes o inconscientes) dentro
del movimiento obrero, los reformistas y revisionistas, es decir los “comunistas”
sólo de nombre pero imbuidos hasta el tuétano con la concepción,
el punto de vista y el método burgueses.
Uribe y las clases dominantes del país están
pretendiendo mostrarse como todopoderosos y a su actual régimen
como el más firme y con mayor respaldo interno y externo. ¿Suena
conocido? ¿Acaso no vimos ya esa película? Hasta hace cerca
de dos años y apenas cruzando la frontera sur tenemos la respuesta.
No son casuales las comparaciones que se pueden hacer del régimen
de Uribe con el de Fujimori en el Perú, no sólo por ser
un “clon” en su concepción ideológica, política,
organizativa y militar, sino que las vidas paralelas del uribismo y el
fujimorismo no tienen nada que ver con la casualidad, el uribismo es un
“remake”, una puesta en escena del mismo guión, escrito
por los mismos amos yanquis quien amamantó ayer a Fujimori y hoy
amamanta a Uribe. Desde sus orígenes y el fenómeno político
en que los convierte la prensa que repta a sus pies: políticos
que ganan las elecciones desde fuera de los partidos tradicionales, que
siendo candidatos utilizan sus conexiones con los imperialistas y con
los servicios de inteligencia locales para tapar con arena su oscuro pasado
y el origen de sus finanzas; que entran a remplazar un gobierno considerado
pusilánime; pretensiones de buscar un mandato más largo
torciéndole el pescuezo a la legislación para permitir la
reelección, y un largo etcétera. Pero los imperialistas
no pueden producir “soluciones” en serie. Si bien son muchas
las similitudes al nivel de los problemas de la sociedad, las diferencias
son grandes. Aunque ambos definieran falsamente como causante de todos
los problemas del país a una guerrilla que ofrece fuerte oposición
armada y utilizaran como punta de lanza de la estrategia antisubversiva
a fuerzas paramilitares (los “ronderos” uno y las “autodefensas”
en proceso de legalización el otro), el principal oponente armado
en Perú (un partido maoísta) tiene una diferencia grande
con el de Colombia: la concepción ideológica y política
que se refleja no sólo en lo organizativo y lo militar sino en
todos los aspectos de su accionar.
Si bien presentando variados matices, en la sociedad
se enfrentan básicamente dos concepciones del mundo diferentes,
dos lógicas, dos programas, dos líneas militares, dos formas
de ver los asuntos económicos y de finanzas. Tales concepciones
tienen su origen en las dos clases principales, la burguesía y
el proletariado, y ambas se expresan en el seno del pueblo. Porque si
bien en última instancia el ser social determina la conciencia,
la posición de clase no surge “automáticamente”
de la extracción de clase, no son siameses. Y la valoración
de la lógica, el programa, etc que guía el pensamiento y
la acción de las organizaciones se debe hacer según los
intereses de clase que represente en los hechos y no por su composición
de clase.
No quiere decir esto que se pueda poner un signo igual
entre las clases dominantes y la guerrilla colombiana tradicional, pasando
a servir de caja de resonancia de las reaccionarias clases dominantes
reproduciendo las calumnias e infundios creados por sus aparatos de “guerra
sicológica” patrocinados por los imperialistas, ni alegrarse
de los golpes que el ejército reaccionario les aseste a las fuerzas
guerrilleras. Pero tampoco es correcto utilizar la lógica pragmática,
propia del modo de pensar burgués del tipo “el enemigo de
mi enemigo es mi amigo”, si bien es razonable la alegría
de los golpes que la guerrilla tradicional le asesta al enemigo común.
Aunque en la actual polarización de la sociedad
colombiana haga que ambos bandos más notorios —el constituido
por la gran burguesía, los terratenientes y el amo imperialista
de estos y el constituido por los reformistas, armados o no— tengan
apoyo e influencia en el pueblo, ambas representan un callejón
sin salida para el pueblo, y el camino de los reformistas y revisionistas,
armados o no, a lo sumo es una simple variante del camino de las clases
reaccionarias. Como se ha insistido tantas veces, lo radical de una solución
no se mide simplemente por lo radical de los métodos. La lucha
radical que se necesita exige que sea en pos de alcanzar una meta radical.
La sangre derramada será en vano si los métodos radicales
no tienen objetivos verdaderamente radicales, la destrucción del
viejo Estado. La elevación de la limitada lucha contra un individuo
o un régimen o contra el “peor” modelo económico
capitalista, a una lucha contra todo el sistema es la única garantía
de seguir el verdadero camino del pueblo.
Crear ilusiones en que pueda haber una solución
dentro del actual sistema, ya sea mendigando reformas o presionándolas
con lucha armada, es criminal. El correcto planteamiento de la necesidad
de “combinar todas las formas de lucha” ha sido pervertido
por los revisionistas y reformistas de todas las calañas (incluso
por algunos falsos “maoístas”) para fomentar entre
el pueblo las ilusiones de encontrar “justicia social” dentro
de un sistema basado en la explotación y opresión así
como para fomentar ilusiones en una vía pacífica a la conquista
del poder por el pueblo. Pero la realidad se encarga de poner en aprietos
a los farsantes. La maratón electoral del próximo 25 y 26
de octubre, cuando se realizarán en dos jornadas tanto el referendo
uribista que pretende darle aprobación popular a su programa de
gobierno dictado por el FMI, el Banco Mundial y la Organización
Mundial de Comercio, como las elecciones locales, ha puesto en aprietos
a los reformistas que han tenido que correr a utilizar todas las formas
de desvergüenza para llamar al abstencionismo el sábado y
al electorerismo el domingo.
Pero las ironías de la realidad no bastan para
desenmascarar el verdadero destino de las vías reformistas y revisionistas.
Corresponde a los obreros y demás trabajadores conscientes de clase
entrar a disputarles a los reformistas y revisionistas el liderazgo de
las luchas de las masas que se levantan en justa resistencia contra la
cada vez mayor explotación y opresión. No quedándose
a la vera del camino despotricando y lamentándose sino uniéndose
a la justa resistencia y luchando por elevarla hasta ponerla al servicio
de la revolución, no sólo enarbolando y defendiendo la ideología
del proletariado, el marxismo, que hoy es marxismo-leninismo-maoísmo,
sino aplicándola a las particularidades del país. Sólo
esto nos permitirá avanzar en la lucha por elevar las miras del
pueblo: luchar por la principal reivindicación, el Poder. La lucha
incluso en el seno del pueblo será ardua porque tendremos que lidiar
con diferentes desviaciones como el sectarismo que preferencia la lucha
y no busca la unidad y el conciliacionismo de clase que preferencia la
unidad y no da la lucha.
Comprender y aplicar correctamente la dialéctica
de unidad y lucha en el seno del pueblo, en medio de la lucha contra el
enemigo de clase, nos exige identificar claramente la fuente de los errores
de quienes participan en la justa lucha de resistencia siguiendo una concepción
errada: ¿es cuestión de posición o de incomprensión?
La respuesta a esto nos entrega la táctica a aplicar, combatirla
si es una posición errada, y educar (en medio de la lucha hombro
a hombro contra el enemigo de clase) si el cuestión de incomprensión.
Y existe una base material para la confianza en el triunfo estratégico
ganando a la inmensa mayoría a la correcta concepción. Las
experiencias históricas (donde el pueblo estuvo alguna vez en el
Poder como en Rusia y China) y actuales (donde el pueblo ha logrado tener
parcialmente el Poder como en las bases de apoyo revolucionarias en Perú
y Nepal) nos llevan a tener los contraejemplos que contrastan con los
falsos caminos que presentan los reformistas: el remplazar en la lucha
militante de las masas con la delegación en manos de “personalidades”
la solución a los problemas, sean estos concejales o congresistas
“amigos”, o abogados que interpongan recursos legales como
la tutela, llegando incluso a ser colaboracionistas como el actual caso
de los vendedores ambulantes, algunos de cuyos dirigentes han sido diligentes
en jalarle a la “croactividad” entregándole censos
a las autoridades.
La principal lección de las últimas décadas,
luego del auge de las luchas de masas de los años 60 y 70, debe
ser por una parte, la desconfianza en el camino reformista y revisionista,
que preferencia la lucha económica frente a la lucha política
(pretendiendo “no meterle política”, es decir no meterle
política revolucionaria), contribuyendo incluso a que se hayan
desmantelado hasta las formas organizativas para la lucha económica-gremial
y, por otra, la confianza en la necesidad de organizarse en los instrumentos
que se requieren para la revolución: el Partido proletario, el
ejército popular y el frente de las clases revolucionarias con
sus redes de organizaciones con independencia de clase y liderato proletario,
no como sumatoria de organizaciones e ideologías. El reconocimiento
del cambio en la situación no puede ser pretexto para abandonar
la concepción, el punto de vista y el método del marxismo,
que han demostrado ser cada vez más válidos. Es cierto,
la urbanización ha cambiado la correlación entre campo y
ciudad, el viejo Estado ha fortalecido el aparato represivo en las ciudades
y el campo, ya no hay países socialistas a los cuales mirar como
ejemplo del futuro que queremos, pero quedan las ricas lecciones, experiencias
y síntesis, que llevarán a cometer menos errores y menos
graves.
Va a ser difícil, pero las cosas también
se les van a poner cada vez más difíciles a ellos, a los
grandes capitalistas y terratenientes, su cuarto de hora que hoy los tiene
tan eufóricos va a pasar. Pero no es cuestión de sentarse
a esperar, no va a pasar solito por su propia anarquía y sus contradicciones
internas, sino que hay que empujarlos para que caigan, promover el cambio
hacia la dirección revolucionaria. Y no podemos hacerlo los comunistas
solos o los revolucionarios solos, se necesita construir un amplio frente
de clases revolucionarias y que sirva a la tarea principal, los preparativos
para la auténtica guerra popular en Colombia al servicio de la
revolución mundial. Es tarea urgente hoy el esforzarnos por unirnos
políticamente, no hacer simples unidades de acción ni sumatorias,
barriendo las diferencias bajo la alfombra, sin que quiera decir que se
busque un pensamiento único, sino poner la riqueza de la diversidad
en función de los intereses fundamentales del pueblo, de la inmensa
mayoría.
El reto ante quienes queremos realmente un mundo de veras
diferente es claro: elevar la lucha contra el régimen a una lucha
contra todo el sistema, elevar la resistencia a revolución. Ha
sido posible antes y sigue siendo posible hoy. El llamado del Movimiento
Revolucionario Internacionalista* es pertinente: ¡Miremos al
Himalaya: un mundo mejor está naciendo! Ese es el camino.
¡Desechar las ilusiones constitucionales,
preparar la auténtica guerra popular!
Grupo Comunista Revolucionario
de Colombia
agosto de 2003
* El Movimiento
Revolucionario Internacionalista es una organización internacional
que une partidos y organizaciones maoístas de todas partes del
mundo y se ha constituido en centro político embrionario en camino
a la construcción de una Internacional comunista de nuevo tipo.
El GCR es participante en el MRI desde su fundación en 1984.
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