| Boletín N° 135 - 14 de noviembre de 2005 | |||
| Francia: Unas señales del futuro | |||
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Después de 18 noches de quemar coches y escaramuzas con la policía, y algunos choques frontales, sólo se puede predecir una cosa con seguridad: Francia no volverá a ser como antes. La revuelta brotó el 27 de octubre, cuando la policía persiguió a dos adolescentes, Bouna Traore y Zyed Benna, hasta una subestación de electricidad y dejó a que se electrocutasen. Desde entonces la revuelta ha estallado y se ha tranquilizado, y a veces ha estallado de nuevo, en muchas localidades de la región de París y se ha extendido a más de 40 ciudades y pueblos en todo el país. Uno de los incidentes más preocupantes para las autoridades tuvo lugar el 12 de noviembre en Lyón, la tercera ciudad del país. Jóvenes de las cités, los complejos de alojamiento público, se juntaron en el centro histórico de la ciudad, Plaza Bellecour, una zona importante de tiendas caras. Lucharon contra la policía que se había concentrado allí para impedirles el paso y quemaron algunas tiendas y puestos. Esa noche cerca de Lyón, se escenificaron enfrentamientos en Saint-Etienne, Toulouse en el sur-oeste y Estrasburgo en el este del país. Las autoridades dicen que la rebelión se está aplacando, pero sus acciones lo desmienten. El 14 de noviembre, pidieron que el parlamento extendiera el estado de emergencia por 90 días, echando mano de una ley de 1955 contra la guerra anticolonialista en Argelia, que era colonia francesa, que también se empleó en 1961 en Francia contra el movimiento popular en oposición a la guerra colonialista. El 17 de octubre de 1961, miles de argelinos desafiaron el toque de queda y la prohibición de protestas en París y realizaron una manifestación de apoyo a la guerra de liberación nacional de Argelia. Despacharon a la policía a aplastar la manifestación y castigar a los que salieron de sus hogares, y se desató una temporada de caza contra los argelinos. Esa noche la policía mató a golpes y patadas a cientos de hombres, mujeres y niños y tiró los cuerpos al río Sena. Ahora, por primera vez desde hace medio siglo se vuelve a emplear la misma ley contra los hijos y nietos de quienes mataron o metieron en campos de detención, y contra otros inmigrantes y habitantes de las cités , que reemplazaron los tugurios de los años 1950 y 1960. No se ha impuesto el toque de queda en todo el país, pero se está aplicando en todas las zonas potencialmente "calientes". Bajo la ley, las autoridades locales pueden restringir el movimiento de la población tal como les dé la regalada gana. En algunas zonas urbanas, está prohibido que los jóvenes menores de 16 o 18 años estén en la calle después de las 10 u 11 de la noche. Hay toques de queda extraoficiales en muchos más lugares contra todos los jóvenes. La policía incluso ordena que la gente mayor se meta en sus casas. En algunos lugares, han impuesto una brutal represión. Por ejemplo, en el pueblo de Evreux, en las afueras del norte de Paris, la policía puso un perímetro alrededor de una cité de 18.000 personas, que se llama La Madeleine. La policía antidisturbios CRS cerró con llave las entradas a La Madeleine y no dejó pasar a nadie entre las 10 de la noche y las 5 de la mañana del día siguiente, excepto en caso de urgencia médica y de los que tenían que ir a trabajar. No se permitió siquiera que nadie saliera para pasear a sus perros, o a fumar un cigarrillo delante de los edificios. Un helicóptero bañó a los lados de los edificios y a las aceras con reflectores. Se impuso la misma represión a la noche siguiente. Hay muchas cités donde la policía no se atreve a entrar de noche, incluso en tiempos normales. Ahora, a veces los jóvenes tiran piedras y cócteles Molotov a la policía y después corren a refugiarse en una torre de apartamentos. Aunque la policía los persiguiera, muchas veces los vecinos les abren las puertas para darles cobijo. El apoyo a los jóvenes no es universal y no siempre se ve bien la táctica de quemar coches. Las medidas del gobierno contra las cités y los castigos colectivos dejan en claro que el blanco no es solamente la juventud, sino todo un sector de la sociedad, cosa que ha contribuido a que mucha gente saliera en defensa de los jóvenes. Hasta hoy, las principales manifestaciones de apoyo han venido de algunos deportistas, además de alguna gente de la clase media. Aunque se prohibieron las manifestaciones y concentraciones no autorizadas en París el fin de semana, se registraron al menos tres protestas en la Ribera Izquierda, una comunidad blanca que fue escena de las históricas luchas campales entre estudiantes y policías en mayo de 1968 y otras zonas turísticas muy concurridas. Act Up (grupo que emplea la desobediencia civil para luchar contra el SIDA) desafió la prohibición contra concentraciones y convocó a las protestas. A pesar de la fuerte presencia policial y el peligro de ser heridos o arrestados, hasta mil personas hicieron protestas relámpago en las esquinas colmadas de gente. Participaron luchadores por la vivienda, contra el racismo y a favor de los palestinos. Grandes grupos de policías en las estaciones suburbanas y terminales del metro no pudieron contener a las enormes cantidades de jóvenes que salieron de los suburbios obreros y todas partes e inundaron el centro de París el sábado, donde disfrutaron de su fuerza y de la dificultad de la policía de lanzarles gas lacrimógeno y golpearlos indiscriminadamente. Esa situación fluida y dinámica desconcertó a la policía. El centro de París rara vez ha estado tan congestionado, tan tenso y, para muchos jóvenes, tan divertido, aunque la policía nunca perdió del todo el control. Ésa es precisamente la clase de situaciones volátiles que las autoridades quieren evitar, pero la necesaria represión para frenarlas podría afectar a otras clases sociales y cambiar el clima político de la capital. Es muy probable que los toques de queda y la prohibición de asambleas sean importantes temas de debate en los próximos días, ya que representan una intensificación y ampliación de los ataques contra el pueblo en la medida en que se les imponen. Otro importante tema de debate es la amenaza que hizo el primer ministro Nicolás Sarkozy: que echarían a todos los inmigrantes detenidos de Francia, tengan papeles o no. Expertos legales y activistas pro derechos humanos han dicho que eso sería ilegal bajo las leyes francesas y de la Unión Europea que prohíben castigos colectivos y sentencias sin el proceso debido. Pero en lugar de retroceder, Sarkozy anunció que deportarían a 120 personas a partir del 14 de noviembre. Esta amenaza tiene un efecto disuasorio, ya que las deportaciones se suelen imponer a gente que ha vivido casi toda la vida en Francia y a los que nacieron ahí que no son ciudadanos. Aunque Sarkozy está intentando poner a gran parte de la clase media en contra de los jóvenes de las cités , la polarización puede inclinarse a un lado u otro. Las deportaciones en masa han tenido muy mala fama en ese país desde la ocupación nazi. Es más, los jóvenes son en su gran mayoría franceses, no inmigrantes. Muchas personas reconocen la tentativa de desviar el tema y tildar a la rebelión como algo diferente de lo que es: una revuelta de una parte de la clase obrera francesa. Puede que las provocaciones de Sarkozy pongan más en claro lo que está en juego a más gente de la clase media y cree condiciones para que se solidaricen con los jóvenes rebeldes. | |||
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