Boletín N° 101 - 7 de marzo de 2005
  La película Osama: ¿Obra maestra o propaganda maestra?

La película Osama, que ha recibido muchas loas de la crítica, retrata profundamente la vida de la mujer bajo un gobierno patriarcal religioso. Comienza con una escena de un muchacho vendedor ambulante llamado Esfandi. (En persa, esfand es una semilla llamada ruda en español. Esfandi es una persona que tuesta las semillas y sopla el humo sobre las personas a fin de protegerlas de problemas y maldiciones invisibles.)

Cuando Esfandi ve pasar a una señora con una niñita, corre a ofrecérseles sus servicios. Pero lo mujer lo rechaza, quizá porque no tiene dinero, no cree en supersticiones. . . o tal vez tiene muchas preocupaciones.

Ella corre a unirse a un grupo de mujeres que se visten burkas que les cubren de pies a cabeza en una protesta contra el Talibán. Como cuesta oír lo que dicen o corean, se parecen a un grupo de mimos. Las pancartas que alzan son sus voces. Una patrulla del Talibán armada con ametralladoras se acerca y las balacea con lanzaaguas, las empuja, les pega, las arresta y las meten al bote.

No obstante, la señora logra esquivar el arresto. Sin ingresos y por la prohibición oficial sin poder trabajar fuera de la casa, disfraza a su hija como niño para que pueda trabajar. La niña, ahora llamada Osama, tiene que vivir de niño en un mundo dominado por hombres.

Osama trabaja un tiempo corto en una tienda que vende leche caliente. Pronto, el Talibán pasa por la tienda y la lleva a una madrasa [escuela religiosa] en que obligan a todos los jóvenes a pasar por el adoctrinamiento islámico. La experiencia de Osama en la escuela es horrorosa. La hostigan constantemente por la apariencia femenina de sus manos y cara. Los muchachos la empujan de un lado pa’ otro y se burlan de ella por su apariencia femenina. Esfandi, enterado de su secreto, jamás la traiciona. Al calor del chovinismo masculino de la escuela, Esfandi la protege como pueda.

Cada vez que el mullah les enseña a los muchachos cómo lavarse las partes privadas durante abluciones, a ella le cuesta muchísimo trabajo ocultar el secreto. Una vez el mullah obliga a Osama a lavarse en presencia de los otros muchachos. Soporta una humillación y sufrimiento sin par, y las autoridades descubren que es muchacha. La cuelgan de un palo en la fría agua de un profundo pozo y luego la meten en una cárcel.

Las condiciones en la cárcel son requeteespantosas. Los presos femeninos y masculinos no tienen derecho a un abogado. (Como es sabido, estas condiciones también rigen para algunos presos en Estados Unidos e Inglaterra.) El juez patriarcal dicta sentencias como le pega la regalada gana: pena capital, cercenar manos, muerte a pedradas, ejecuciones sumarias. El juicio de Osama es todo un espectáculo porque el mullah a cargo de la escuela la desea. Para sembrar miedo e intimidación, el juez procesa a un periodista occidental y otras personas, y los manda ejecutar en el acto. Cuando le toca a Osama, el juez la manda a vivir con el mullah en la “santidad del matrimonio” (lo que también suena familiar para algunos estadounidenses y otros occidentales).

Acaba en un harén de docenas de mujeres en la casa de este mullah rabo verde. Éste quiere quebrar el espíritu de Osama para que pueda someterla. Al llegar a la casa, le ofrece una selección de cadenas con que estar encerrada. Osama se paraliza. Se rompe a llorar, pero de nada sirven sus tentativas de oponérsele.

La película denuncia vívidamente el fundamentalismo islámico y el trato que el Talibán da a las mujeres y retrata problemas complejos desde cuestiones sociales y emocionales hasta clase y género.

Quizá el punto más fuerte de la película es que pone al descubierto los horrorosos aspectos del gobierno patriarcal religioso, sobre todo la opresión de la mujer por el Talibán. El público se siente profundamente lo que vive la ciudadanía cuando gobierne una camarilla religiosa.

Los principales personajes, Esfandi y Osama, los representan jóvenes con poca o ninguna experiencia de actuación, y lo hacen de maravilla. Las escenas, cinematografía y artistas son espléndidos. Osama es una película única, de una clase que no se ha producido en Afganistán desde hace muchísimo tiempo.

A pesar de la belleza artística y de los mensajes abiertos y subliminales de la película, hay que estar prevenidos de la orientación subyacente de la película. La programación del estreno de la película, es decir, después del colapso del Talibán y cuando Estados Unidos habla con hipocresía de “liberar a las mujeres afganas”, hace dudar de los motivos políticos de la película.

Los creadores de la película habrían sido verdaderos héroes si hubieran filmado y estrenado las escenas antes de que Estados Unidos y el Occidente comenzaran a dejar al país en escombros con sus bombas. . . o en el momento en que pusieron al Talibán en el gobierno y apoyaban a su gobierno. La película también se habría granjeado el apoyo de las mujeres oprimidas de Irán si la hubieran creado en los momentos álgidos de la histeria religiosa de los ayatolas.

La película la produjo la productora de Mohsen Makhalbaf, un cineasta talentoso pero reaccionario que pasó años embelleciendo la tiranía de la República Islámica de Irán (RII). Fue el productor cultural y promotor del Hezbolá (pandillas religiosas) y de la RII en los años después la revolución de 1979, sobre todo durante la guerra entre Irán e Irak. Luego, se sumó a la facción “reformista” de Katami de la RII.

Esta obra maestra de denuncia de la opresión de las mujeres bajo el Talibán también es propaganda maestra al servicio del gobierno títere yanqui de Ahmed Karzai de Afganistán y el “movimiento de reforma” de los islamistas de Irán. La película es una coproducción de la Organización Cinematográfica Afgana, del Ministerio de Información y Cultura del gobierno de Karzai y del Ministerio de Cultura y Guía Islámica de la RII.

Quizá el principal tema de la película es mostrar la opresión del Talibán a fin de ocultar la mayor opresión: la agresión estadounidense en el “Gran Medio Oriente”. Quizá es una pantalla para presentar la agresión estadounidense como liberación.

Aparte de los motivos políticos, la orientación ideológica de la película pone más en duda su naturaleza. En la escena inicial se oyen citas de Nelson Mandela y el Dr. Alí Shariati, un académico islámico iraní que dice que la doctrina económica islámica funciona mejor para resolver los males sociales, que el sistema económico marxista.

La cita en persa de Shariati en la primera escena, que no está traducida en los subtítulos en inglés, se dice: “¡Ay Dios! No me mantenga alejado de aquellos que están dispuestos a canjear el mundo actual por el otro mundo. Protéjame de aquellos que canjean el otro mundo por el actual”.

El significado de esta cita, en un momento en que Estados Unidos se dice defensor de la democracia, libertad y prosperidad en el Medio Oriente, quiere decir literalmente abandonar la fe en el cielo y abrazar el “materialismo” occidental en el presente. Antes de la revolución iraní de 1979, el Dr. Shariati fue uno de los ideólogos islámicos de mayor peso. Dio discursos para atraer a los jóvenes e intelectuales con un islam moderno, criticó el fundamentalismo y retó al marxismo con “la razón”, y trató de impedir que la nueva generación se acercara al marxismo y la izquierda.

Aunque murió antes de la revolución de 1979, su manera de definir el islam entre los jóvenes tuvo un fuerte impacto en el emergente movimiento contra el gobierno iraní. En la revolución, la mayoría de los intelectuales bajo su influencia se convirtieron en seguidores de Jomeini.

La debilidad más importante de la película es que no denuncia el papel de los ocupantes yanquis en Afganistán. Estados Unidos no liberó a la población, sobre todo no a las mujeres, del infierno del fundamentalismo religioso. Las masas de mujeres y hombres de Afganistán aún viven en él. Los sucesores del Talibán reciben el apoyo de un gobierno yanqui con una visión del cielo en la tierra mucho más rica y de alta tecnología que Afganistán pero que ya es muy conocida entre aquellos que vivieron bajo el Talibán.

   
 
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