Boletín N° 143 - 30 de enero de 2006
  Ataques militares maoístas y manifestaciones masivas vs la monarquía nepalesa.

A un viajero interestelar casual con unos conocimientos superficiales de lo que ocurre en la Tierra se le podría disculpar por cometer el error siguiente:

Imagínense que nuestro viajero escuchaba al Servicio Mundial de Noticias de la BBC el lunes 30 de enero y oía que se había convocado a una conferencia de los ministros del exterior de la Unión Europea para asegurar que ningún país del mundo tuviera relación con el gobierno recién elegido de Hamás, “siempre y cuando siguiera negándose a renunciar al uso de la violencia”. Nuestro viajero se piensa: “Vale, ¡por fin! ¡Finalmente los terrícolas empiezan a progresar! Con razón Hamás debería retirar sus soldados de los 140 países donde están desplegados alrededor del planeta. Con razón se les debería obligar a retirarse de los países pobres y subdesarrollados como Afganistán e Irak, a que están ocupando brutalmente con decenas de miles de soldados. Y ya era hora de que les obliguen a dejar de pisotear el derecho internacional con las “rendiciones extraordinarias” y las cárceles como Guantánamo y su red internacional de centros de detención en que la gente desaparece en unos agujeros negros. Y ya hacía mucho era hora de que se les obligaran a dejar de amontonar armas nucleares, que se supone un gran peligro para el pueblo del planeta. Todo eso sin hablar siquiera de la violencia cotidiana y oculta que la dinámica de ganancias de este sistema impone a millones de personas alrededor del mundo, causando muertes sin sentido a diario. Por fin los terrícolas parecen estar despertándose y dando pasos para frenar a los mayores responsables de la violencia masiva que su pequeña planeta haya visto jamás... ¡Quizá aún hay esperanzas!

¿quién le va a explicar a nuestro viajero bien intencionado pero terriblemente confundido que no, que la conferencia de alto poder de los grandes líderes de la civilización europea no va a hacer nada de eso, que “Hamás” no es la manera de pronunciar “Estados Unidos” y que el blanco de toda esta atención, lejos de ser el mayor responsable de la violencia de la historia de la humanidad, el verdadero imperio del siglo 21, es en los hechos un diminuto territorio ocupado y pobre, cuya potencia de fuego ni por el diablo se aproxima a la que manipula la policía de cualquier ciudad mediana de los Estados Unidos.

   
 
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