Boletín N° 155 - 24 de abril de 2006
  Estados Unidos y otras potencias creen que pueden decidir el futuro de Nepal

El pueblo nepalés ha expresado su voluntad. Como declarara un manifestante: "Quemaremos la corona y gobernaremos el país". Pero las potencias extranjeras encabezadas por Estados Unidos están montando "una nueva estratagema para dividir al pueblo nepalés", como la caracterizó el Partido Comunista de Nepal (Maoísta) [PCN (M)].

Inesperadamente, el rey Gyanendra salió por televisión la media noche del 24 de abril, reflejando tanto en la hora como en la cara del rey una decisión a que lo habían obligado a último minuto, sólo unas horas antes de las que se preveía serían las manifestaciones más masivas y militantes que se hayan visto en Nepal. Se esperaba que millones de personas, es decir, mucho más que la población de Katmandú, se dirigieran hacia el palacio real. Gyanendra anunció que volvería a convocar al parlamento que había disuelto en 2002. A la mañana siguiente, la alianza de siete partidos parlamentarios que había convocado las protestas con el apoyo de los maoístas, se reunió para considerar la oferta del rey. Una multitud rodeó la casa del ex primer ministro G. P. Koirala donde se realizaba la reunión de los siete partidos, y llamó a los partidos a no capitular ante el rey y a no traicionar los 19 días de sacrificio. Pero los parlamentarios capitularon. Los líderes de los partidos retornarán a sus curules en el parlamento y Koirala volverá a su cargo.

Este regreso al statu quo que existía cuatro años antes no es lo que millones de manifestantes exigían. Va en contra de la determinación de acabar inmediatamente y de una vez por todas con la monarquía, lo que muchos observadores coincidieron en que ha sido la fuerza motriz del movimiento de masas. El comunicado del 25 de abril del PCN (M) consideró la decisión de los siete partidos como "un error histórico" y "una violación al espíritu del acuerdo de 12 puntos" que la alianza de siete partidos firmó el año pasado con ellos. Con un llamamiento a continuar la huelga general y las manifestaciones en todo el país, los maoístas dijeron que el Ejército Popular de Liberación bloquearía las carreteras alrededor de Katmandú y de todas las capitales de distrito.

Hay poca duda en que el anuncio del rey y su aceptación fuera obra de Estados Unidos y sus socios. Inmediatamente después de que se hizo el anuncio, la BBC comentó que "diplomáticos extranjeros habían agenciado" un trato. El subsecretario de Estado, Richard Boucher alardeó que los diplomáticos estadounidenses "estaban en contacto con todo mundo en Katmandú, con todos los actores, los partidos políticos y el rey" y que estaba "en coordinación" con "otros países".

Más que una intromisión

Se hizo un anterior intento por salvar al rey el 21 de abril, cuando la creciente oleada contra la monarquía hizo tambalear el trono. Gyanendra ofreció que permitiría que la alianza de siete partidos designara al primer ministro. Esa propuesta no hubiera cambiado nada.

Durante los últimos dos siglos y medio e incluso desde que Nepal se convirtió en una llamada monarquía constitucional en 1951, el verdadero poder político siempre ha permanecido en manos del rey y el Ejército Real de Nepal (ERN). En 1990, en la que fuera hasta ahora la más grande tormenta social en la historia del país, un movimiento de masas obligó al palacio a aceptar un parlamento y un primer ministro, pero la monarquía conservó el control. El actual rey ha estado nombrando y despidiendo a primeros ministros cuando le pegara la real gana desde 2002. De manera descarada ha centralizado el poder en sus propias manos desde febrero de 2005. Un nuevo primer ministro (ni hablar de la restitución de uno del pasado) ni siquiera restringiría el poder del rey.

Sin embargo, voceros de Estados Unidos, Inglaterra, la Unión Europea, del secretario general de la ONU Kofi Annan, China e India, les exigieron que los partidos de oposición aceptaran la propuesta del rey. El palacio dijo sentirse "animado" por esos unánimes comunicados públicos. Por ejemplo, Keith George Bloomsfield, del gobierno inglés, fue uno de los embajadores que se reunieron con los líderes de los siete partidos parlamentarios, e intentó darles órdenes, luego de la alocución del rey. Al salir, le dijo a la prensa: "Los partidos no creen que [el rey] ha hecho suficiente, pero creemos que es una base sobre la que podemos avanzar". El vocero del Departamento de Estado yanqui Sean McCormick habló con más franqueza: "Instamos a los partidos a responder rápidamente escogiendo un primer ministro".

Estos hombres estuvieron más que entrometiéndose en los asuntos internos de Nepal. Con un viejo cliché que cae como anillo al dedo, estos gángsteres estaban haciéndole a la oposición una oferta que ésta no podía rechazar. Sus gobiernos son la principal razón por la que la monarquía todavía está en pie. No sólo controlan el destino económico de esta nación que han vuelto dependiente, sino que están ejerciendo una intensa presión política directa. No es difícil imaginar qué amenazas, explícitas o no, los embajadores les hicieron a los líderes de los partidos. La misma reunión fue un atropello, una expresión de la sumisión de Nepal. Si algunos gobiernos trataran de decirles qué hacer a los líderes del Partido Republicano estadounidense o del Partido Laborista inglés, les responderían con una carcajada, o con una guerra.

Esta intervención diplomática vino acompañada de una amenaza que había sido tácita hasta ahora, pero que todos los interesados saben que es muy real: la intervención militar.

Sin embargo, al siguiente día, en vez de decaer, el movimiento de masas creció aún más. Como dejó la continuación de las manifestaciones y los combates callejeros, no había riesgo de que el pueblo aceptara la oferta del rey. Cientos de miles de personas, muchas de las cuales habían caminado un día entero desde las aldeas, se congregaron en el periférico que rodea la capital, especialmente en los cruces de las calles principales rumbo al centro de la ciudad donde está localizado el palacio real. Se encontraron con rollos de alambre de púas, tanques y gran cantidad de fuerzas de seguridad con órdenes de disparar a matar. Las multitudes tiraron piedras y ladrillos a los policías y soldados y destruyeron todas las señales y símbolos que hacían referencia a la monarquía en hogueras que ardían en la calle. Unas 300.000 personas hicieron una protesta similar en la ciudad de Dang. Se realizaron inmensas manifestaciones en Chitwan, Pojara y otras ciudades. Estas marchas se tropezaron con gases lacrimógenos, palizas con varas, balas de goma y a veces balas. Los hospitales informaron de más de 270 heridos el 22 de abril en Katmandú y por lo menos 14 muertos en todo el país hasta esa fecha. La Sociedad de Derechos Humanos de Nepal dijo que 3.000 manifestantes fueron metidos en camiones militares y llevados a campos del ejército donde las torturas y golpizas son la norma. El grupo indicó que "muchos" estaban desaparecidos. D espués de cinco días de toque de queda diurnos y de combates muy desiguales, los periodistas y otros observadores informaron que el pueblo en las calles parecía más resuelto que nunca. Al día siguiente, algunos grupos de jóvenes pudieron abrirse paso a la fuerza hasta a unos cien metros del palacio real.

Por eso es por lo que el rey y las grandes potencias que lo sostienen tuvieron que salir con algo más para hacer que los siete partidos que traicionaran las esperanzas de millones de nepaleses y rompieran con los maoístas. El saludo del gobierno estadounidense "a la valentía y resolución del pueblo de Nepal en su lucha por la democracia" fue más que hipócrita. Quienes tratan de frustrar la voluntad expresada por el pueblo no están en posición de dar lecciones de "democracia". El "saludo" fue una pantalla para la campaña dirigida por Estados Unidos de imponer una solución a la crisis política del país en contra de los deseos e intereses del pueblo y a favor de los suyos.

Los partidos parlamentarios y el rey

Los siete partidos parlamentarios apoyaron la monarquía hasta que el rey se deshizo del primer ministro Koirala el año pasado. En 1980, ante un levantamiento de masas antimonárquico, el palacio lo desvió haciendo un referendo sobre la potestad del rey. Gyanendra, entonces un joven príncipe, organizó descaradamente un fraudulento conteo de votos. No obstante, los siete partidos aceptaron los resultados. Éste es un ejemplo histórico para tener presente cuando los partidos y Gyanendra hablan de realizar otro referendo. Tampoco se le debe dar mucho crédito a la cháchara sobre una nueva constitución con la continuación del viejo régimen. Gyanendra nunca dejó que la constitución adoptada en 1990 le atara las manos. Luego de que disolviera el parlamento, justificó su negativa a reestablecerlo bajo el pretexto de que según la constitución había expirado su mandato. (A causa de la guerra popular dirigida por los maoístas y del exitoso boicot electoral, fue imposible celebrar elecciones). Ahora acaba de reestablecer autocráticamente el parlamento elegido hace siete años y a volver a su puesto a su primer ministro, sin hacer caso a pormenores constitucionales.

En noviembre de 2005, el PCN (M) y los siete partidos firmaron un acuerdo de un programa común que pidiera un fin a la monarquía, llamara a una asamblea constituyente y a redactar una nueva constitución para una república democrática. Antes del reciente bandh [paro] nacional que empezó el 6 de abril, el PCN (M) anunció que lo apoyaría y que suspendería las operaciones militares en la región de Katmandú para no darle ningún pretexto al rey para atacar a los manifestantes desarmados. Las masivas manifestaciones crearon una situación difícil para la alianza de siete partidos: se dio una enorme presión de sus seguidores, especialmente a medida que se enfurecían cada vez más por la cruel represión de la monarquía. Un manifestante el 22 de abril citado en la prensa dijo: "Somos el pueblo de Nepal. Si los partidos hacen un trato con el rey, marcharemos contra ellos. No queremos una monarquía ahora". Una gran multitud rodeó el auditorio donde los embajadores extranjeros daban órdenes a los partidos parlamentarios, con consignas de advertencia a que los líderes nepaleses de los traicionaran. En la "fiesta de victoria" convocada por los parlamentarios para el 25 de abril en lugar de protestas masivas callejeras antimonárquicas programadas, algunas personas marcharon hacia el palacio, con los coros de las semanas anteriores: "¡Gyanendra, ladrón, lárguese del país!" y con la promesa de no abandonar las calles.

Un rey que gobierna con el beneplácito de las grandes potencias

Estados Unidos, Gran Bretaña e India han financiado y armado a la monarquía durante décadas. Todos cortaron la ayuda al rey luego de que éste destituyera al primer ministro en febrero de 2005, pero con descaro celebraron reuniones militares de alto nivel las fuerzas militares de Estados Unidos y el Ejército Real de Nepal.

Tras apoyar inicialmente la oferta de Gyanendra del 21 de abril, India modificó su posición, con lo que dio a entender que su apoyo al rey tal vez no sea incondicional. Pero no tiene ninguna intención de abandonar su dominación económica, política y cultural de Nepal. Con la restitución del primer ministro Koirala del pro-indio Partido del Congreso Nepalés, puede que India considere que se asegure el futuro de sus intereses. Sin embargo, es probable que considere que los antiguos y firmes lazos entre el Ejército Real de Nepal y el ejército indio son una mejor garantía.

El que los imperialistas e India quieran o no al rey Gyanendra como persona, por lo menos hasta ahora han sostenido firmemente que la monarquía es el mejor baluarte contra la revolución en Nepal.

Independientemente de lo que pase a partir de ahora, lo que Estados Unidos y sus socios están más decididos a salvar es la estructura del viejo Estado y especialmente el Ejército Real de Nepal. El mando militar del ERN ha demostrado una vez más que es el garante del viejo orden derramando la sangre del pueblo, esté armado o no, como vimos en las últimas semanas. A los voceros del occidente y los esbirros de la región no les da da vergüenza haber asumido esta posición. Cuando se acentuó el conflicto entre el palacio y los partidos parlamentarios, el embajador estadounidense Moriarty instó al rey y a los partidos a unirse, con la advertencia: "No se puede permitir que los maoístas suban al Poder". El gobierno estadounidense puso al PCN (M) en su lista de organizaciones "terroristas", como si el movimiento revolucionario de millones de masas dirigido por los maoístas tuviera algo en común con organizaciones como Al Qaeda. El 7 de abril, el subsecretario de Estado estadounidense Richard Boucher agregó: "Estos maoístas son gente vil. Necesitamos trabajar lo más que podamos para presionar al rey a restaurar la democracia, para animar a los partidos a mantenerse unidos y para crear una democracia viable que funcione. Y para poder expulsar a los maoístas de la sociedad nepalesa. Estoy muy convencido de que ésa es la actitud de los gobiernos de la región, entre ellos el indio".

"Expulsar a los maoístas": ¿No es eso pedir un masivo baño de sangre? Esto trae a la memoria la "expulsión" de un millón de sospechosos de ser comunistas en Indonesia luego del golpe de Estado patrocinado por Estados Unidos en 1965, los programas de exterminio realizados por la CIA en el campo vietnamita y las masacres en Chile cuando Estados Unidos puso en el poder al general Pinochet en 1973.

Un nuevo sistema político y una nueva sociedad

El avance de la guerra popular iniciada en 1996 con la dirección del PCN (M) es lo que ha sentado las bases para la actual crisis política y el levantamiento urbano. Las fuerzas revolucionarias han derrotado al ERN en muchas batallas importantes. Se han librado de los esbirros del gobierno y han establecido el poder político de las masas mismas en la mayor parte del campo del país. Y han estado atrayendo a su programa a millones de personas de muchos sectores sociales.

El PCN (M) dijo en un comunicado del 17 de abril: "Es necesario que las fuerzas que están en el movimiento tengan firmemente en mente que el actual movimiento tiene como objetivo reestructurar el Estado en una dirección progresista y no hacer simples ajuste al poder... Es evidente que el Estado de nueva democracia que vendrá no es el sistema parlamentario de antes del 1º de febrero [de 2005] y del 4 de octubre [de 2002], sino una república democrática pluripartidista progresista con características que garantizan la amplia participación de los campesinos pobres y obreros en el poder estatal, un gobierno autónomo para las minorías y regiones oprimidas y los madhesi [una minoría muy oprimida de las llanuras orientales del Terai que colindan con la India], y el derecho a la autodeterminación, privilegios especiales para las mujeres y los dalits [los llamados 'intocables'], el derecho fundamental universal a la educación, salud y empleo, el reparto de la tierra según el principio 'la tierra para quien la trabaja' mediante la eliminación de las relaciones feudales en el campo, el desarrollo de una industria nacional y de una economía autosuficiente, etc.". El comunicado advertía implícitamente contra "el callejón sin salida de los parlamentarios que rechaza la guerra popular de una década, que se ha escuchado y observado muchas veces en el actual movimiento, o la tendencia conservadora a hablar de la 'restauración de la democracia' en abstracto".

Lo que Nepal necesita, y lo que los imperialistas y otras potencias están decididos a impedir a toda costa, es un nuevo sistema político y una nueva sociedad. Eso ya está comenzando a surgir en una buena parte del campo, donde bajo el poder político revolucionario las mujeres asumen un papel activo y a menudo dirigente en la toma de decisiones al lado de los hombres sobre cómo dirigir y transformar la sociedad, donde se cuestiona el sistema de castas y ha comenzado a derrumbarse, donde están surgiendo nuevas relaciones entre la gente, y se han declarado repúblicas autónomas para regiones y minorías oprimidas desde hace mucho tiempo por la monarquía y el gobierno central. Los maoístas están dirigiendo al pueblo a transformar la vida, con la erradicación de las condiciones que están incitando la fiereza de las protestas de hoy y que hicieron de Nepal uno de los países más pobres del mundo: el control de las clases feudales y su sistema social, concentrado en la monarquía, y la subordinación económica y política del país a los explotadores extranjeros.

Cuando lanzó la guerra popular, el PCN (M) emprendió el camino hacia una revolución de nueva democracia, indisolublemente ligada al siguiente paso, el socialismo, y a la revolución mundial. Consumarla requiere el establecimiento de la nueva democracia, la destrucción del viejo Estado y la construcción de uno nuevo en que el pueblo gobierne, dirigido por el partido y respaldado por el poder del Ejército Popular de Liberación.

Tal cambio radical es lo que Estados Unidos y los otros imperialistas y grandes potencias quieren impedir, por lo que podría traer para Nepal y para los pueblos del mundo. A la liberación la tildan de "terrorismo", porque les aterra. Y por eso es por lo que todos los que anhelan la liberación y todos los que se oponen a la intimidación de las grandes potencias deben apoyar que el pueblo de Nepal lleve a cabo esta revolución paso a paso.

   
 
Colombia